El Anunciante FL

Reflexión

Amo o esclavo del dominio propio

El dominio propio es la capacidad para dominar nuestros pensamientos, emociones y acciones. Es volverse actor y hacedor de nuestra vida. Es autocontrol, no dejarnos llevar por impulsos. Es no reaccionar de inmediato, tomar tiempo para analizar la situación, intentando ver la perspectiva de Dios y de la otra persona (siempre asumiendo el lugar del otro).
Por Julieta Pinzón Octubre 2023
En La Biblia hay pasajes que exhortan a lograrlo a través del trabajo sobre algunas cualidades o acciones que debemos fomentar.  Tener paciencia: (Proverbios 16:32) “Más vale ser paciente que valiente; más vale el dominio propio que conquistar ciudades”. Ser sobrio (ser templado o moderado): (1 Pedro 4:7) “Ya se acerca el fin de todas las cosas. Así que, para orar bien, manténganse sobrios y con la mente despejada”. Crecer en el conocimiento del Señor: (2 Pedro 1:4-8)  "Así Dios nos ha entregado sus preciosas y magníficas promesas para que ustedes, luego de escapar de la corrupción que hay en el mundo debido a los malos deseos, lleguen a tener parte en la naturaleza divina”. Ser disciplinado: (1 Corintios 9:24-27) “¿No saben que en una carrera todos los corredores compiten, pero solo uno obtiene el premio? Corran, pues, de tal modo que lo obtengan. Todos los deportistas se entrenan con mucha disciplina. Ellos lo hacen para obtener un premio que se echa a perder; nosotros, en cambio, por uno que dura para siempre. Así que yo no corro como quien no tiene meta; no lucho como quien da golpes al aire. Más bien, golpeo mi cuerpo y lo domino, no sea que, después de haber predicado a otros, yo mismo quede descalificado”. Saber controlar el cuerpo y vivir de manera santa: (1 Tesalonicenses 4:3-5) “La voluntad de Dios es que sean santificados; que se aparten de la inmoralidad sexual; que cada uno aprenda a controlar su propio cuerpo de una manera santa y honrosa, sin dejarse llevar por los malos deseos como hacen los paganos, que no conocen a Dios”. Ser prudente en el uso de las palabras; saber domar la lengua: (Proverbios 17:27) “El que es entendido refrena sus palabras; el que es prudente controla sus impulsos”. Mantener el sano juicio: (1 Tesalonicenses 5:6) “No debemos, pues, dormirnos como los demás, sino mantenernos alerta y en nuestro sano juicio”. Pasar por alto el insulto o las ofensas: (Proverbios 12:16) “El necio muestra en seguida su enojo, pero el prudente pasa por alto el insulto”. Apartarse de los deseos pecaminosos: (1 Pedro 2:11) “Queridos hermanos, les ruego como a extranjeros y peregrinos en este mundo que se aparten de los deseos pecaminosos que combaten contra la vida”. Resistir la tentación: (1 Corintios 10:13) “Ustedes no han sufrido ninguna tentación que no sea común al género humano. Pero Dios es fiel, y no permitirá que ustedes sean tentados más allá de lo que puedan aguantar. Más bien, cuando llegue la tentación, él les dará también una salida a fin de que puedan resistir”. Para controlar nuestro carácter: (Proverbios 25:28) “Como ciudad sin defensa y sin murallas es quien no sabe dominarse”. (Proverbios 12:16) “El necio muestra en seguida su enojo, pero el prudente pasa por alto el insulto”. Vigilar nuestras emociones: (Efesios 4:26-27) ”Si se enojan, no pequen. No permitan que el enojo les dure hasta la puesta del sol, ni den cabida al Diablo”. (Proverbios 29:11) “El necio da rienda suelta a su ira, pero el sabio sabe dominarla”. (Santiago 1:19-20) “Mis queridos hermanos, tengan presente esto: Todos deben estar listos para escuchar, y ser lentos para hablar y para enojarse; pues la ira humana no produce la vida justa que Dios quiere”. Cuidar nuestras palabras: (Proverbios 10:19) “El que mucho habla, mucho yerra; el que es sabio refrena su lengua”. (Santiago 1:26) “Si alguien se cree religioso, pero no le pone freno a su lengua, se engaña a sí mismo, y su religión no sirve para nada”. (Santiago 3:7-10) “El ser humano sabe domar y, en efecto, ha domado toda clase de fieras, de aves, de reptiles y de bestias marinas; pero nadie puede domar la lengua. Es un mal irrefrenable, lleno de veneno mortal. Con la lengua bendecimos a nuestro Señor y Padre, y con ella maldecimos a las personas, creadas a imagen de Dios. De una misma boca salen bendición y maldición. Hermanos míos, esto no debe ser así”. Llevar una vida sexual íntegra: (1 Corintios 7:5) “No se nieguen el uno al otro, a no ser de común acuerdo, y solo por un tiempo, para dedicarse a la oración. No tarden en volver a unirse nuevamente; de lo contrario, pueden caer en tentación de Satanás, por falta de dominio propio”. (1 Corintios 7:8-9) “A los solteros y a las viudas les digo que sería mejor que se quedaran como yo. Pero, si no pueden dominarse, que se casen, porque es preferible casarse que quemarse de pasión”. Moderar la ingesta de comida y bebidas: (1 Pedro 4:1-3) “Por tanto, ya que Cristo sufrió en el cuerpo, asuman también ustedes la misma actitud; porque el que ha sufrido en el cuerpo ha roto con el pecado, para vivir el resto de su vida terrenal no satisfaciendo sus pasiones humanas, sino cumpliendo la voluntad de Dios. Pues ya basta con el tiempo que han desperdiciado haciendo lo que agrada a los incrédulos, entregados al desenfreno, a las pasiones, a las borracheras, a las orgías, a las parrandas y a las idolatrías abominables”. (Proverbios 23:20-21) “No te juntes con los que beben mucho vino, ni con los que se hartan de carne, pues borrachos y glotones, por su indolencia, acaban harapientos y en la pobreza”. (Proverbios 23:2) “Si eres dado a la glotonería, domina tu apetito”.
 
Dominarse a sí mismo es una búsqueda constante de muchos. Una frase de Pedro Calderón de La Barca es muy diciente acerca de este gran propósito. “Pequeño mundo soy, y en esto fundo que, en ser señor de mí, lo soy del mundo”.
 
Esta práctica de dominio propio acompañado de empatía cumple con el segundo gran mandamiento de Nuestro Señor Jesucristo, “Amar al prójimo como a ti mismo”. Y si trabajamos en esto todos los días con la dirección de Dios, con oración, con adoración y con mayor conocimiento de su palabra, estaremos acercándonos a cumplir su voluntad. Nada es imposible, bajo la mirada de Dios.